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Sheinbaum y el mensaje que retumbó en Guerrero


El nombre que hizo reír a la Presidenta

Por: Fernando Martínez

Claudia Sheinbaum Pardo volvió a dejar algo claro en su conferencia matutina: en Morena no hay dedazo, hay encuesta. Y aunque la frase parecía una reiteración de principios internos, en Guerrero tuvo destinatario específico y efectos políticos inmediatos.

La presidenta negó tener favoritos rumbo a las elecciones del próximo año y rechazó respaldar a aspirantes que aseguran contar con su beneplácito. El mensaje fue directo: “En Morena es la encuesta la que define”. Y remató con una comparación que dolió en ciertos círculos: “Antes, con los gobiernos del PRIAN, había dedazo”.

En ese contexto, quien quedó políticamente expuesto fue el oficial mayor de la Secretaría de Finanzas estatal, Ricardo Salinas Méndez, señalado en distintos espacios como la apuesta del grupo político cercano a la gobernadora Evelyn Salgado Pineda para competir por la alcaldía de Acapulco.

Al escuchar el nombre de Ricardo Salinas, aspirante a la alcaldía de Acapulco y oficial mayor de la Secretaría de Finanzas estatal, la presidenta soltó una carcajada y preguntó: “¿Así se llama? jajaja”. El momento no pasó desapercibido. No solo por el tono, sino por la carga simbólica: el nombre es homónimo del empresario Ricardo Salinas Pliego, uno de los críticos más férreos de la Cuarta Transformación.

El mensaje: no hay herencias ni cuotas

Lo dicho por Sheinbaum no fue menor. En un escenario donde algunas candidaturas comienzan a construirse desde estructuras gubernamentales, la presidenta recordó que la legitimidad en Morena proviene del método acordado: la encuesta. No de cargos administrativos, no de cercanías familiares, no de cuotas internas.

En Guerrero, donde históricamente las decisiones políticas han estado marcadas por grupos y pactos cerrados, el mensaje presidencial tuvo un peso especial. Porque si algo ha prometido la Cuarta Transformación es romper con las prácticas que durante décadas caracterizaron al PRI y al PAN: el dedazo, la imposición y el control patrimonial del poder.

Si desde el gobierno estatal se impulsa a un perfil como carta sucesoria para mantener influencia y estructura, la narrativa choca de frente con el discurso nacional del movimiento.

Acapulco no es botín

Acapulco atraviesa una etapa compleja: reconstrucción económica, crisis de seguridad, desgaste institucional y exigencia ciudadana de resultados. En ese contexto, la definición de candidaturas no puede verse como un mecanismo para preservar cuotas de poder.

La presidenta fue clara: no tiene favoritos para gubernaturas, presidencias municipales, diputaciones o senadurías. Esa afirmación desmonta cualquier estrategia basada en la supuesta cercanía con Palacio Nacional.

Y si bien la negativa presidencial golpea aspiraciones concretas, también abre el tablero para otros perfiles dentro del movimiento que buscan competir bajo reglas claras. Entre ellos se mencionan nombres como el diputado federal Javier Taja, así como su compañera de bancada Yoloczin Domínguez Serna, quien ha mantenido presencia territorial en el puerto y ya ha intentado competir anteriormente.

La prueba de coherencia

Más allá de nombres propios, lo que está en juego es la coherencia del proyecto. Si Morena repite esquemas de control interno que recuerdan al viejo régimen, el discurso transformador pierde fuerza. Si respeta su método, consolida credibilidad.

La mañanera de este miércoles no fue solo una aclaración. Fue una línea política: las candidaturas no se heredan, se ganan en encuesta.

En Guerrero, el mensaje retumbó fuerte. Y dejó una pregunta abierta: ¿prevalecerá la práctica interna que pregona la 4T o las inercias locales intentarán imponer su propio guion?

 

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